(1)
Mi agradecimiento a Mike Bell, Bill Burch y James O’Connor por animarme a escribir este ensayo. Me he servido en mi investigación de la indispensable bibliografía de E. Newman de los escritos de Lewis Mumford, publicada por Harcourt, Brace y Jovanovich en 1970. Este ensayo está dedicado a la memoria del escritor Richard J. Margolis. (Nota del Editor: En esta traducción, de Capitalism, Nature, Socialism, n. 8, 1991, hemos conservado las referencias a las ediciones norteamericanas de obras de Mumford y otros autores dadas por Ramachandra Guha, pero de varias de estas obras existen también traducciones al español)

(2)
Anne Chisholm, Philosophers of the Earth: Convesations with Ecologists, Londres, Sidgwick and Jackson, 1972. La invocación de Mumford a la ciudad como su universidad está en su libro Sktches From a Life: The Autobiography of Lewis Mumford: The Early Years, New York, The Dial Press, 1982, esp. Capítulo XI.

(3)
Ver W.L. Thomas, ed. Man’s Role in Changing the Face of the Earth, Chicago, University of Chicago Press, 1956; F. Fraser Darling y John P. Milton, eds, Future Environments of North America, Garden City, New York: Natural History Press, 1966.

(4)
Ver Roderick Nash, Wilderness and the American Mind (3a edición), New Haven: Yale University Press, 1982; Stephen Fox, the American Conservation Movement: John Muir and his Legacy (2a edición), Madison: University of Wisconsin Press, 1985; Samuel P. Hays, Beauty, Health and Permanence: Environmental Politics in the United States, 1955-85, New York: Cambridge University Press, 1987.

(5)
Lewis Mumford (LM), op. Cit., p. 90.

(6)
Patrick Geddes, Cities in Evolution, primera publicación en 1915; edición revisada, Londres: William and Norgate, 1949, p. 51; Jacqueline Tywhitt, ed. Patrick Geddes in India, Londres: Lund Humphries, 1947, pp. 57-8, etc. El último trabajo es una compilación de extractos de algunos de los informes de Geddes sobre diferentes ciudades indias. Escribió cerca de cincuenta informes, como invitado del gobierno colonial y de varios principados hindúes.

(7)
Ver R. P. McIntosh, The Background of Ecology: Concept and Theory, Cambridge, Cambridge University Press, 1985, pp. 293-4. Geddes fue tambén uno de los primeros críticos de la economía convencional desde la perspectiva de la energética ecológica. Ver Juan Martínez Alier, Ecological Economics: Energy, Economics, Society, Oxford: Basil Blackwell, 1987, pp. 89-98.

(8)
Ensayo publicado por primera vez en la Architectural Review y en forma resumida en LM, My Works and Days: A Personal Chronicle, New York, Harcourt, Brace and Jovanovich, 1979. Ver también Sketches From a Life, op cit, p. 147 y "Patrick Geddes, Insurgent", The New Republic, octubre 1929.

(9)
Patrick Geddes, Report on Town Planning, Dacca, Calcutta, Bengal Secretariat Book Depot, 1917.

(10)
LM, The Brown Decades: A Study of the Arts in America, 1931, reimpreso: Nueva York, Dover Publications, 1955, pp 76-7. Anõs después, Mumford pensó que había sido invitado a co-presidir la Conferencia de la fundación Wenner-Gren sobre "Man’s Role in Changing the Face of the Earth" a causa de su memoria de George Perkins Marsh en The Brown Decades, y como Geddes le había introducido a Marsh, la invitación se debía en última instancia su maestro (ver Sketches From a Life, op. Cit. P. 408). Las actas del simposio de Wenner-Gren, editadas por W.L. Thomas (citado en la nota 3), estaban dedicada a Marsh.

(11)
LM, "Regionalism and Irregionalism", The Sociological Reviw, 19, 4, 1927, p. 277.

(12)
Ibid.; LM, "The Theory and Practice of Regionalism", The Sociological Review, 20, 1 y 2, 1928.

(13)
Ver Radhakamal Mukerjee, Regional Sociology, New York; Century Co., 1926. Mukerjee también estuvo poderosamente influenciado por Patrick Geddes, con el que estuvo muy en contacto durante su última estancia en Calcuta, c. 1915-16.

(14)
Los siguientes párrafos están basados en el ensayo citado en la nota 12.

(15)
Mumford raramente perdió la oportunidad de reñir a los colonizadores pioneros por sus crímens contra la naturaleza. En 1962, tadavía se quejaba que "incluso cuando el pionero no violó a la naturaleza, se divorció de ella un poco demasiado fácilmente: olvida la gran dección que enseñan tanto la ecología como la medicina - que la gran misión de las personas no es conquistar la naturaleza por la fuerza, sino cooperar con ella inteligentemente y amorosamente para los propios propósitos -" (LM, "California and the Human Prospect", Sierra Club Bulletin, 47, 9, 1962, pp. 45-6).

(16)
El desarrollo económico norteamericano ha continuado ignorando las realidades regionales. Pero el desastre ecológico ha sido frenado en Estados Unidos a base de explotar los recursos naturales en todo el planeta. En tiempos de la publicación de la serie de Mumford en la Sociological Review, América todavía podía subsistir de sus propios recursos. Pero especialmente desde la Segunda Guerra Mundial, el desarrollo de la sociedad de consumo ha descansado en una relación fundamentalmente de explotación con el resto del mundo. Los consumidores en los altos centros de civilización industrial dan por sabidas la oferta de armiño del Artico, de madera de teca de la India y de marfil de Africa, sin sentirse responsables por las implicaciones ambientales de su estilo de vida.

(17)
LM, "Science on the Loose", crítica de Robert Millikan, Science and the New Civilizatin, The New Republic, 6 agosto 1930. Ver también la sección titulada "Pre-1970 Ecology", en My Works and Days, op cit, pp. 29-32.

(18)
LM, Thecnics and Civilization, New York, Harcourt, Brace and Co., 1934, p. 109.

(19)
Ibid., pp. 268, 110.

(20)
Ibid, pp. 111, 118, 147, etc.

(21)
Ibid., capítulo IV (citas de las pp. 151, 168-9).

(22)
Ibid., p. 211.

(23)
Ibid., capítulo V (cita de la p. 255).

(24)
Ibid., pp. 429-31.

(25)
LM, The Culture of Cities, New York, Harcourt, Brace and Co., 1938, cap.1 (citas de las pp. 49.

(26)
Ibid., cap. III (citas de las pp. 162, 164, 191, 195).

(27)
Ibid., especialmente capítulos V y VI.

(28)
Hegel es mencionado sólo una vez en Technics and Civilization y ninguna en The Culture of Cities. De todos modos, Mumford había leído atentamente a Kark Marx, y quizás sus etapas se acercan inconscientemente a la interpretación de Marx de la dialéctica hegeliana. La teoría da la historia de Marx está abierta tanto a una lectura evolucionista como cíclica: mientras que los marxistas normalmente han preferido la primera, Mumford indudablemente debió estar más de acuerdo con la segunda.

(29)
The Culture ol Cities, op. Cit., p. 331.

 

 

Lewis Mumford
El Olvidado Ecologista Norteamericano:
Um Intento de Recuperacion (
1)
Ramachandra Guha
Parte I

Cuando apareció el movimiento ecologista occidental a principios de los setenta, una joven periodista inglesa escribió un libro sobre aquellos científicos cuyo trabajo tenía una relación directa con el problema ecológico. Su lista estuvo dominada, obviamente, por universitarios con credenciales académicas impecables, entre ellos René Dubos, Raymond Dasmann, Estella Leopold y Kenneth Boulding. Sin embargo para empezar su celebración de pioneros en la ecología escogió a un hombre sin ninguna formación específica en ecología - y de hecho sin ninguna formación específica intelectual (su única universidad, como dice él mismo en su autobiografía, fue la ciudad de Manhattan). Pero para Anne Chisholm, este hombre tuvo una enorme influencia en el contemporáneo pensamiento ambientalista: "de todos aquellos sabios que pensaron y escribieron durante años preparando el camino de la revolución ambiental, Lewis Mumford, el escritor y filósofo americano, fue el más importante"(2)

La afirmación de Anne Chisholm hubiera encontrado fuerte apoyo en la comunidade científica, pues se escogió a Lewis Mumford para resumir las deliberaciones de dos de los primeros simposios científicos sobre el cambio ecológico
(3). Sin embargo en las dos décadas desde de que Chisholm escribiese su libro, la reputación de Lewis Mumford como pensador ecológico sufrió un eclipse extraordinario. Mientras tanto, el movimiento ambientalista creció enormemente, y al igual que cualquier movimiento social maduro y con confianza propia, empezó a construir su propia genealogía y su panteón de héroes. La prehistoria del ecologismo ha sido documentada sobre todo en el propio país de Mumford, los Estados Unidos: sin embargo en ningún otro lugar se han ignorado tanto los escritos de Mumford. Esta es, en cualquier caso, la conclusión que sigue a la lectura de las más reconocidas historias de el ambientalismo americano, por ejemplo, las de Roderick Nash, Stephen Fox y Samuel Hays (4).

Los patronos del ambientalismo americano habitualmente reconocidos como tales son el naturalista y amante de la naturaleza, John Muir, y el biólogo y científico forestal Aldo Leopold. ¿ Por qué los ambientalistas americanos han puesto a Muir y Leopold entre sus iconos culturales y no han puesto a Mumford? Es una pregunta fascinante, a la que volveremos al final de este artículo. De momento, sólo puedo decir que simpatizo con el pensamiento ecológico de Mumford tanto como Chisholm, quien también era extranjera. Este ensayo es pues, principalmente, un intento de rehabilitación: este análisis de las ideas ecológicas de Mumford se destina especialmente a los ambientalistas norteamericanos, que no han reconocido a una de sus voces más auténticas.

La Historia Ecologica de Mumford

La propia apreciación de Mumford de la naturaleza viene, en primera instancia, de sus vacaciones juveniles pasadas en Vermont. Hacia el final de su vida, recordaba aquellos tempranos encuentros en el bosque con mofetas, marmotas, venados y truchas del río como algo que le hizo sentir "en profundidad mis raíces americanas nativas"
(5). Aquí la experiencia de Mumford está perfectamente en concordancia con la larga línea de americanos ambientalistas - desde Henry Thoreau hasta Edward Abbey - cuyo amor por la naturaleza surge directamente de su experiencia de la diversidad y belleza de la vida silvestre norteamericana.

Pero si los horizontes ecológicos de Mumford hubiesen quedado confinados al campo silvestre, no merecería más que una nota a pie de página en cualquier historia del las ideas ambientales. Lo que coloca a Mumford en un lugar especial en el panteón de los héroes ambientales americanos - y por lo que yo estoy escribiendo sobre él en primer lugar - es su comprensión fundamentalmente ecológica de las mareas de la historia humana. A diferencia de Muir, Leopold y una docena de otros iconos culturales, Mumford rehusó separar las actitudes individuales hacia la naturaleza de su contexto social, cultural e histórico. En este ensayo sostengo que la amplitud y riqueza del pensamiento de Mumford le colocan como uno de los pioneros del ecologismo social americano y de la historia ecológica. Para entender el enfoque ecológico de Mumford debemos fijarnos en el único hombre que Mumford reconoce como su maestro - el escocés inconformista, Patrick Geddes, quien, al igual que Mumford, fue un sabio universal en las ciencias humanas y biológicas, pero, a diferencia de su discípulo, Geddes fue un escritor irritantemente oscuro. Durante mucho tiempo fue profesor de Botánica y planificador activo de ciudades en Escocia, e inspiraba a los estudiantes a través de las palabras y del ejemplo. Para los que tengan paciencia, en sus estudios se pueden encontrar verdaderos tesoros.

El papel central de la naturaleza en la teoría del planeamiento urbano de Geddes es evidente en el único tratado general que escribió, al igual que en docenas de planos de ciudades que escribió por contrato en la India entre 1915 y 1919, todos los cuales revelan una comprensión sutil del proceso ecológico en la formación, funcionamiento auge y declive de las ciudades
(6). Pero aparte de su trabajo innovador en la teoría y la práctica del planeamiento de la ciudad, Geddes hizo una contribución más general al pensamiento ecológico. Una persona como A. G. Tansley - uno de los primeros ecólogos de este siglo - notó la influencia de Geddes sobre los primeros estudios ecológicos de las Highlands escocesas, mientras que el ecólogo americano Paul Sears reconocía su influencia sobre el geógrafo Dudley Stamp, el ecólogo C. C. Adams, y el propio Lewis Mumford (7). En un ensayo sobre Geddes publicado en 1950, Mumford escribió que "por sus conocimientos científicos y por el caráter general de su pensamiento, Geddes era ya un ecólogo antes que esa rama de la biología obtuviera el status de una disciplina especial... Y no fue tanto como innovador en el planeamiento urbano, sino como ecologista, paciente investigador de las filiaciones históricas y de las dinámicas relaciones biológicas y sociales, que Geddes hizo su más importante trabajo sobre las ciudades" (8). En un nivel más filosófico, Geddes fue un temprano exponente de la "revolución general de la ciencia ahora en rápido proceso, el cambio desde una visión mecanocéntrica de la naturaleza y de sus procesos a otra visión cada vez más biocéntrica" (9).

"Biocéntrico" es, por supuesto, un término muy favorecido por los ambientalistas radicales actualmente. Mientras los autodenominados "ecologistas profundos" usan la palabra "biocentrismo" como norma para juzgar los escasos sentimientos morales que atribuyen a los que llaman "ecologistas superficiales", Geddes (y después Mumford) utilizaron un enfoque biocéntrico para fines más constructivos - por ejemplo la paciente investigación y comprensión de "las filiaciones históricas y las relaciones dinámicas biológicas y sociales -". Mumford tomó de Geddes el enfoque fundamentalmente ecológico y un repertorio de neologismos - paleotécnico/neotécnico, conurbación, megalópolis, etc. - a los que dio un uso innovador, especialmente en sus historias clásicas de la tecnología y de la ciudad. Mumford también tomó de Geddes su respeto por los modos de utilizar los recursos y las tecnologías premodernos. Notablemente, fue Geddes el que llamó la atención de su discípulo hacia es trabajo de un conservacionista americano olvidado, George Perkins Marsh. Y como Mumford notó en su temprana apreciación, fue Marsh el primero en tratar a las personas como "agentes geológicos activos", que podían "construir o degradar", pero que, de una manera u otra, eran "agentes pertubadores, que alteraban la armonía de la naturaleza y la estabilidad de los arreglos y adaptaciones existentes, extinguiendo especies animales y vegetales indígenas, introduciendo variedades extranjeras, restringiendo el crecimiento espontáneo, y cubriendo la tierra con ‘nuevas y reluctantes formas vegetales y con tribus ajenas de vida animal’ "
(10).

El mismo Marsh estaba preocupado por la destrucción de la cubierta forestal. Pero la de la deforestación no era sino un ejemplo de las muchas maneras en que los americanos, en "el simple acto de coger todas las partes habitables de la tierra" habían "utilizado sistemáticamente mal nuestras posesiones"
(11). Las implicaciones ecológicas del primer desarrollo económico americano fueron señaladas por Mumford en una notable serie de ensayos sobre el regionalismo o injustamente olvidado, publicada en The Sociological Review, una revista editada por el colaborador de Patrick Geddes, Victor Branford. Los ensayos de The Sociological Review constituyen el primer intento sistemático de Mumford de aplicar el marco ecológico geddesiano a fenómenos históricos (12). Este enfoque al análisis social, que el sociólogo de la India, Radhakamal Mukerjee desarrolló al mismo tiempo (13), partía del trío de conceptos de Geddes, Pueblo/Trabajo/Lugar (que él mismo extrajo del sociólogo francés Frederic Le Play).

En sus ensayos en The Sociological Review, Mumford utiliza el marco regional para analizar los crímenes ecológicos de los pioneros de la civilización norteamerica (compendio de "irregionalismo"), y para subrayar las ventajas de una cultura y una economía ecológicamente más sostenibles (que llamó "regionalismo")
(14). El rechazo a basar la industria y las instituciones en las dotaciones ecológicas regionales llevó, por un lado, a una enorme devastación ecológica y por otro, a una relación parasitaria entre la ciudad y su entorno. "En América durante el último siglo", escribió Mumford, "hemos agotado los suelos, talado los bosques, hemos colocado las industrias en los lugares equivocados, hemos gastado sumas enormes en transportes innecesarios, aglomerado la población y reducido la vitalidad física de la comunidad sin preocuparnos inmediantamente de las consecuencias de nuestros actos". Durante este periodo, "nos ha convenido ignorar la realidad básica de nuestra tierra: sus contornos y paisajes, su áreas de vegetación, sus fuentes de energía [y] minerales, su industria, sus tipos de comunidad..." Fue una "civilización minera", en la que se exaltaba la actitud minera hacia la naturaleza de cortar-y-correr, ejemplificada por la devastación de los bosques y el agotamiento de los suelos. Las ciudades de estas civilizaciones tampoco tuvieron en cuenta las realidades ecológicas: de proporciones infladas, se convirtieron en ‘criminales de primera en el mal uso de los recursos regionales’ ". Mumford también notó la proliferación de slums en el interior de las ciudades.

Mumford caracterizó los procesos que (siguiendo a Geddes) llamó de la edad paleotécnica como "doblemente ruinosos: primero empobrecieron la tierra para el provecho de unas pocas generaciones, sustrayendo los recursos comunes que, una vez gastados y disipados, no se pueden recuperar nunca; y segundo, con sus técnicas y sus hábitos estos procesos del periodo paleotécnico son igualmente perjudiciales para la tierra considerada como un hábitat humano, ya que destruyen la belleza del paisaje, arruinan las corrientes de agua, contaminan el agua potable y llenan el aire con un depósito carbonífero finamente dividido, que asfixia tanto a la vida humana coma a la vegetación"
(15).

Sin embargo, advirtió Mumford, el día de los pioneros había pasado; el desarrollo económico americano no podía olvidar por más tiempo las realidades regionales. Si no pensamos separadamente en productos y recursos, sino en la región como un todo, vemos claramente "que en cada área geográfica es posible cierto balance de recursos naturales e instituciones humanas, para el mejor desarrollo de la tierra y de la gente". En América, el movimiento "regionalista" (especialmente la Regional Planning Association que Mumford ayudó a iniciar) puso el acento en la conservación de los recursos naturales, pero en un marco más amplio, pues el regionalismo "no debe solamente, a través de la conservación, evitar el despilfarro: también debe dar los fundamentos económicos para una vida continua y próspera." En particular, el regionalismo intentaría armonizar la vida urbana con el campo, haciendo de la ciudad una parte integral de la región. Aquí, Mumford llama la atención sobre el movimento de Ciudades-Jardín de Ebenezer Howard (quien también estuvo muy influido por Geddes) - creación de ciudades, de tamaño limitado, rodeadas de tierra agrícola, con un fácil acceso a las áreas naturales, y con otras formas de unidad orgánica con su entorno -
(16).

Estos tempranos y penetrantes ensayos ilustran el profundo interés de Mumford por la infraestructura ecológica de la vida humana - poco después escribió que las tres amenazas principales a la civilización eran la continua destrucción de la cubierta forestal y la erosión del suelo, el agotamiento de recursos minerales irremplazables, y el potencial destructivo de las armas modernas
(17). La serie de artículos de The Sociological Review fue un anticipo de sus obras maestras, la historia de las tecnologías, Technics and Civilization (1934), y la historia de la ciudad, The Culture of Cities (1938). Estos son los libros de Mumford más conocidos, escritos en su mejor momento, y deben ser leídos esencialmente como historias ecológicas del auge de la moderna civilización occidental.

Ambos libros interpretan el desarrollo de la civilización industrial en tres fases sucesivas, pero superpuestas e interpenetrables, a las que Mumford llama "eotécnica", "paleotécnica" y "neotécnica" respectivamente. Los dos últimos términos los habíamos visto en Geddes, pero añade el primero para designar el nivel preparatorio en el que, dice, la mayoría de innovaciones técnicas y sociales del mundo moderno han sido anticipadas
(18).

La mayoría, sino todos los comentarios sobre las historias de Mumford, olvidan sus bases ecológicas. Pero, de hecho, su interpretación ecológica de la sociedad se sustenta en su modelo de tres etapas. Así, "cada una de las tres fases de la civilización de la máquina ha dejado sus depósitos en la sociedad. Cada una ha cambiado el paisaje, ha alterado la forma física de las ciudades, ha usado ciertos recursos y ha dejado otros, ha favorecido cierto tipo de mercancías y ciertas actividades y ha modificado la herencia técnica común". Desde el punto de vista de los inputs característicos de energía y materiales, "la fase eotécnica es un complejo de agua-y-madera, la fase paleotécnica es un complejo de carbón-y-hierro, y la fase neotécnica es un complejo de electricidad-y-hierro"
(19).

En un sentido estrictamente ecológico, la fase eotécnica fue benigna. Los recursos que más se utilizaron - madera, agua y viento - eran todos renovables; creó paisajes exquisitos y no contaminó. La "energía de la fase eotécnica no se transformó en humo o en productos que rápidamente se tiraban: en el siglo XVII se habían transformado los bosques y pantanos del norte de Europa en una vista continua de bosques y campos, pueblos y jardines...". Su impacto ecológico podía ser visto aun más favorablemente comparado con la siguiente fase, la era paleotécnica de "capitalismo carbonífero"
(20).

Después de 1750, el desarrollo industrial "entró en una nueva fase, con fuentes de energía diferentes, materiales diferentes, objetivos sociales diferentes". La nueva fuente de energía era el carbón; el nuevo material dominante el hierro; los objetivos sociales predominantes, el poder, la ganancia y la eficiencia. La dependencia general del carbón y del hierro significaban que por primera vez en la historia de la humanidad, las sociedades estaban vivendo no de los ingresos corrientes de la naturaleza, sino del capital natural. Al mismo tiempo, los subproductos característicos del capitalismo carbonífero contaminaban el aire, el agua y los hogares; las abominables condiciones de vida empeoraron por la concentración y la congestión traídas por la producción en fábricas y el moderno modo de vida urbano. Las nuevas industrias químicas también introdujeron sustancias peligrosas en el aire y en el agua. Y el servidor del capitalismo industrial, el ferrocarril, "distribuyó hollín y suciedad...". De hecho, el "hedor del carbón era el verdadero incienso del nuevo industrialismo", y la inusual visión de un "cielo claro en un distrito industrial era un signo de un lock-out o una crisis industrial." Estas variadas formas de degradación ambiental, a veces mortales, eran consecuencia de los valores de la economía monetaria, en la que el ambiente era tratado como una abstracción, y el aire y la luz solar, "a causa de su deplorable falta de valor de cambio, carecían de realidad"
(21).

A pesar de todo esto, Mumford estaba esperanzado en que la fase paleotécnica no era más que "un periodo de transición, una calle llena de gente y de basura entre las economías eotécnica y neotécnica"
(22). La fase neotécnica que Mumford creyó ver aparecer, podía contar con una fuente de energía nueva y no contaminante - la hidroelectricidad - y utilizar materiales de larga duración, como aleaciones, y compuestos sintéticos químicos. Mumford también tenía esperanza en la década de los 30 en la energía solar. Como el agua era abundante en Africa, Sudamérica y Asia, la llegada de la electricidad podía tender a desplazar a Europa y Norteamérica de su posición de dominio industrial. Respecto a la contaminación, el "humo de la industria paleotécnica empieza a disiparse: con la electricidad vuelven el cielo limpio y las claras aguas de la fase eotécnica". Mientras tanto, la renovada utilización de los excrementos humanos y el desarrollo de la vegetación fertilizante nitrogenada contrarrestarían la erosión del suelo causada por la civilización minera de la primera fase (23). La fase neotécnica, cuando se implantara completamente, restauraría tres equilibrios vitales: el equilibrio del ambiente, entre los humanos y la naturaleza; el equilibrio entre la industria y la agricultrua; y el equilibrio en la población, a través del balance entre la tasa de nacimientos y la tasa de mortalidad (24).

La magistral historia de Mumford sobre la ciudades también sigue las tres fases: el uso, abuso y renovación del ambiente. Empieza con la historia medieval (que corresponde a la fase eotécnica), contra la cual, exclama, los historiadores modernos han desarrollado un infundado y violento prejuicio. En la reconstrucción de Mumford, la ciudad premoderna fácilmente se confunde con su entorno rural, mientras sus amplios espacios abiertos útiles contrastan duramente con la "notoria congestión pos-medieval". De nuevo, los residuos materiales de la vida de la ciudad eran casi todos orgánicos, y fácilmente degradables. En esencia, la ciudad medieval era más que adecuada "del lado biológico", con sus vistas, olores y sonidos infinitamente más agradables que su sucesora moderna. De hecho, desde el punto de vista de la arquitectura, "la propia ciudad era una obra de arte omnipresente"
(25).

La evocación de Mumford de un pasado armonioso y orgánico era, otra vez, una preparación de su condena del modo de vida actual, de la "insensata ciudad industrial" de la era paleotécnica. En el complejo urbano que suplantó a la ciudad medieval, la fábrica y el slum (bairro pobre) eram los dos elementos principales. Mientras que las emisiones contaminantes de una sola fábrica a menudo podían ser absorbidas por el entorno, la masificación característica de las industrias en la era paleotécnica contaminaba "el aire y al agua sin remedio". Mientras, en los congestionados barrios, se alcanzaba un colmo de suciedad que hubiera superado al de la cabaña del siervo más miserable de la Europa medieval. La higiene y la evacuación de desechos también estaban lejos de las normas mínimas. "Caía la noche sobre la ciudad del carbón", escribe Mumford dramáticamente, "el color predominante era el negro. Negras columnas de humo salían de las chimeneas de las fábricas, y desde las estaciones de los trenes, que a menudo penetraban bien adentro de las ciudades, se echaba hollín y cenizas por todas partes". Para el historiador de la ciudad paleotécnica, "nunca antes en el registro de la historia, habían vivido tan extensas masas de gente en un ambiente tan salvajemente deteriorado"
(26).

La salida estaba en el creciente movimiento por el regionalismo. Con el final de la época de la colonización de la tierra en América, Mumford pensó que se veía un cambio en las actitudes respecto a la tierra, las actitudes parasitarias y depredadoras eran suplantadas por valores del emergente régimen biotécnico. En los países europeos, el movimiento regionalista había luchado contra una centralización excesiva, reclamando la cultura local, y el desarrollo de cooperativas. En los Estados Unidos, el movimento de conservación, bajo el impulso romántico, ayudó a preservar grandes áreas silvestres; ahora, bajo una cubierta más científica, estaba promoviendo activamente la conservación de materias primas. Mientras, el movimiento de Ebenezer Howard, de ciudades-jardín, que impulsaba la creación de comunidades urbanas equilibradas en regiones equilibradas, crecía en influencia
(27).

El marco analítico común de las dos grandes historias ecológicas de Mumford recuerda el esquema hegeliano: las etapas eotécnica/paleotécnica/neotécnica son análogas al proceso dialéctico de tesis/antítesis/síntesis
(28). Su marco filosófico puede haber sido heredado, pero su sofisticación ecológica es, en el momento y lugar, muy notable. Los principios organizativos de sus trabajos son de naturaleza verdaderamente ecológica: el uso de energía y materiales como índices de cambio técnico y ambiental; la configuración espacial de los flujos de recursos, en y entre regiones, característica de diferentes etapas; las formas de degradación ambiental y los movimientos de defensa ambiental típicos de cada época; y el papel de los valores morales para crear ya sea la "economía del dinero" de destrucción o la (futura) "economía de la vida" de renovación. Bajo todo esto, había un compromiso firme con la conservación del ambiente como una fuerza positiva, en contraste con el negativismo habitual del ambientalismo de entonces y de ahora. En un pasaje que parece contemporáneo, Mumford escribió en 1938 que:

al originarse en el espectáculo de los desechos y la profanación del ambiente, el movimiento conservacionista tendía a tener una influencia negativa: intentó preservar las áreas salvajes, reducir los residuos y prevenir el daño. El área actual de la planificación regional es más positiva: llevar la tierra globalmente al más alto estado de perfección y de uso apropiado - no sólo preservando lo virgen sino extendiendo los jardines, e introduciendo la deliberada cultura del paisaje en todas las partes del campo abierto -
(29).

  Colaboração de João Carlos Canuto (Cordoba-Espanha)


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