TÉCNICA Y CIVILIZACIÓN de LEWIS MUMFORD |
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| Capitulo III - La fase
eotécnica El sincretismo tecnico mum_c25.htm |
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as civilizaciones no son organismos cerrados. El hombre moderno no podría haber descubierto sus modalidades particulares de pensamiento o inventado su equipo técnico actual sin haber aprovechado los progresos realizados tanto por las culturas que lo precedieron como por las que continuaron desarrollándose al rededor de él.Toda gran diferenciación en la cultura parece, de hecho, el resultado de un proceso de sincretismo. Flinders Petrie, en su estudio sobre la civilización egipcia, ha demostrado que la mezcla de elementos necesaria para su realización implicaba, entre otras cosas, una base racial; y en el desarrollo del cristianismo resulta evidente que los elementos extraños más dispares - el mito dionisíaco de la tierra, la filosofía griega, el mesianismo judío, el mitraísmo y el zoroastrismo - desempeñaron cada uno su parte para dar contenido específico y forma a la serie de mitos y oficios que después habrían de constituir el cristianismo.
Antes de que este sincretismo puede tener lugar, las culturas de las cuales se toman los elementos deben estar en estado de disolución, o encontrarse suficiente
mente alejadas unas de otras en el espacio y en el tiempo, como para que dichos elementos puedan extraerse separadamente de las instituciones auténticas. A menos que exista este estado de cosas, los elementos mismos no están libres, como quien dice, de dirigirse a un polo nuevo. La guerra, en ese sentido, actúa como un agente de disociación, y en lo que respecta al tiempo, el renacimiento mecánico de la Europa occidental estuvo asociado a la conmoción cansada por las Cruzadas. En efecto, lo que las nuevas civilizaciones asimilan no son las formas e instituciones completas de una cultura sólida, sino únicamente aquellos fragmentos que pueden transportarse y trasplantarse: aprovechan las invenciones, los modelos y las ideas, de la misma manera que los constructores góticos en Inglaterra usaron, cuando se presentó el caso, las piedras o las tejas de la villa romana en combinación con el pedernal nativo, dando como resultado formas arquitectónicas enteramente diferentes. Si la villa hubiera seguido en pie y ocupada no podría haber sido utilizada. Sólo la muerte de la forma original, o más bien los restos de vida que quedan entre las ruinas, es lo que permite la adaptación e integración de los elementos de otras culturas.Cabe observar otro hecho respecto al sincretismo. En las primeras fases de la integración, antes de que una cultura haya impreso su marca definitiva en los materiales y antes de que la invención haya sido encuadrada dentro de hábitos y rutinas satisfactorias, la cultura está en libertad de elegir todo aquello que le conviene. El comienzo y el fin, la primera absorción, la propagación y la conquista final, después de haberse efectuado la integración cultural, se llevan a cabo en el dominio universal.
Esas generalizaciones se pueden aplicar al origen de la actual civilización de la máquina: un sincretismo creador de invenciones recogidas de los restos técnicos de otras civilizaciones permitió construir el nuevo cuerpo mecánico. La rueda hidráulica, en forma de nona, había sido usada por los egipcios para elevar agua, y quizá también por los sumerios con otros fines: con seguridad a principios de la era cristiana los molinos de agua eran comunes en Roma. El molino de viento quizá llegó de Persia en el siglo VIII. El papel, la aguja magnética y la pólvora fueron importados de la China; el primero y la segunda por intermedio de los árabes; el álgebra llegó de la India igualmente por intermedio de los árabes; y tambié
n gracias a ellos llegaron a Occidente la química y la fisiología, mientras que la geometría y la mecánica aparecieron por vez primera en la Grecia precristiana. La máquina de vapor fué concebida por el gran inventor y hombre de ciencia Herón de Alejandría; la traducción de sus trabajos durante el siglo XVI fué lo que llamó la atención respecto a las posibilidades de este instrumento de energía.En pocas palabras, la mayoría de las invenciones y de los descubrimientos importantes que sirvieron como núcleo al desarrollo mecánico ulterior no surgieron, tal como cree Spengler, como consecuencia de un místico impulso interior del alma fáustica: eran semillas de otras culturas, traídas por el viento. Como ya lo he hecho notar, después del siglo X en Europa occidental el terreno estaba bien cultivado para recibir esas semillas; y mientras las plantas crecían, los cultivadores del arte y de la ciencia estaban muy atareados manteniendo el suelo friable. Al echar raíces en la cultura medieval, en un clima y suelo diferentes, esas semillas de la máquina tomaron nuevas formas. Quizá precisamente porque
no habían tenido su origen en Europa occidental y no tenían allí enemigos naturales, crecieron rápidamente y alcanzaron un tamaño gigantesco como el cardo de Canadá cuando invadió las pampas sudamericanas. Pero en ningún momento - y esto es algo importante que es necesario recordar - apareció la máquina de buenas a primeras. La idea era de una media docena de inventores ingleses en el siglo XVIII hicieron, de un momento a otro, que las ruedas comenzaran a zumbar es demasiado ingenua hasta para figurar en un cuento para niños.Lewis Mumford (TÉCNICA Y CIVILIZACIÓN)
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